domingo, noviembre 8

DELOSBRAZOSCAIDOS!


SONREIR, sonaría como puñaladas de tierra sobre las ganas que aun le quedaban, El como siempre sereno ante las causas naturales, así como vio morir una planta, o como al despertar sintió el frio de haber dormido toda la noche sin las frazadas que en un arrebato se habían salido, así como siempre solía hacerlo, no pudo mas que sonreír ante la causa absolutamente mas natural de todas.

EL lugar era un mar de lagrimas, un flexit azulado pensó, la gente que se movía de aquí para allá, su hermana, su hermano, su abuelo y su abuela, todos lloraban, como quebrados del alma, como si un rayo les hubiera perforado el animo, el insistió en mantenerse lo mas quieto posible con tal de no llamar mucho la atención, anteojos oscuros, todos vestidos de pena agria, sintió ganas de salir, de tomar un poco de aire, la espesura de la tarde que llama a la noche se dejo sentir en la casa, la gente hacia filas, se amontonaban en la puerta, ocupaban los sillones, las sillas, el suelo, en un momento el aire se acabo, el lugar estaba lleno, sin muchos ánimos acomodo su cuello lo mas que pudo y se interno en su memoria, o en sus recuerdos, ni el lo sabia bien.

PARA si mismo pensó, siempre en cualquier lugar hay algo que se esta muriendo, en esa esquina, en este lugar, en el inmenso mar, en las cocinas de algún restaurant chino, todo muere así como todo nace, mientras alguien es enterrado nacen de los ojos las lagrimas que nunca antes afloraron tan rápido y sin tanto esfuerzo, esbozo una sonrisa, pero se recupero rápido, sabia que todos estarían mirándolo, alrededor había un sonido ensordecedor de gemidos, llantos, conversaciones inoportunas, un bullicio como de partido, por mas que buscara el silencio en su mente todo le recordaba el lugar en el que estaba, por alguna extraña razón había mas gente de la que siempre habría en un lugar como este y a esta hora, el olor de lo fúnebre siempre se deja caer como un pequeño manto de lluvia finísima que no moja pero humedece.

SE tranquilizo al ver que había algunos a los que no les importaba mucho toda esta situación y que conversaban como si nadie mas estuviera, las mujeres del lugar se apresuraban en servir el vino navegado y otras especias con el mismo olor embriagante de la naranja quemada, todos hablaban, lo que en un principio era un bullicio ensordecedor, ahora se convertía en un jolgorio de voces entrecortadas, el como siempre sereno, se miro la punta de los zapatos no sabia que estaba vestido de un terno opaco y la punta de sus zapatos tenia un brillo bastante especial, sonrió, era el mas cómodo en el lugar, la noche avanzaba a medida las ollas de navegado se bajaban, ignoraba por completo la hora, pues en su muñeca no había ni un reloj , y por mas que intentaba ver la hora en el reloj mural de la cocina, había una especie de vidrio que se lo impedía, se acercaron dos hombres a el, lo miraban como hipnotizados, directo a los ojos, el no quiso correr la vista para no ser inoportuno y también los miro a los ojos, pensó que seria el efecto del vino y sostuvo la mirada un poco mas, los dos hombres vestidos de un riguroso negro, como de orquesta antigua, se miraron y se dijeron entre si- pareciera que esta sonriendo- , el asombradísimo pensó – no diré nada, me gusta tener esa imagen para con los demás, hasta en el momento mas penoso puedo mantenerme sonriente y hasta feliz, los dos hombres dijeron palabras que el no alcanzo a escuchar, y se fueron, se sentaron en el mismo lugar de donde habían salido y desde allí lo miraban, el efecto del vino -pensó.

LA mayoría de las personas se había retirado ya, las luces seguían encendidas, por lo que calculo que aun era de noche, el bullicio se había transportado lejos de ahí, al patio al parecer, había música, no se esforzó mucho en reconocer al cantante que emocionado como no es habitual cantaba al son de alguna guitarra, sentía muy cerca de el, el zangoloteo extraño de un perro, que hurgueteaba el lugar en busca de algún alimento extraviado en el piso, todo era de una calma ajena, el adormecido de los brazos pensó en pararse, en incorporarse de todo este viciado aire, de toda esta larga espera, pero todos comenzaron a moverse, a entrar, el bullicio ensordecedor volvió, se instalo en su oreja, los llantos, los gemidos, los gritos, el tumulto de gente desconocida, los que el conocía muy bien, todos estaban ahí, el como siempre sereno, no se preocupo por el movimiento, luego de un esperado momento, esperado por que no ocurría nada, llego hasta muy cerca de el, un pastor, una especie de cura glotón, colorado y algo acalorado por el tumulto y la falta de aire, le dijo unas palabras en latín que el no reconoció, es mas ni siquiera sabia si era para el, que estaba ahí, o para el pastor en una forma de oración por el cansancio.

CAMINARON, todos se movían como en filas largas, autos, gente, flores, la muerte es un proceso agotador pensó, el sol le daba en la cara, quemante incluso, calculo por su sombra que serian como al medio día ya, el piso quemaba, sintió calor, trato de recordar las palabras en latín que el pastor dijo, sonrió, se rio de si mismo por tratar de calmar su calor con una oración, el tiempo transcurría lento, lo notaba así, al menos había mas aire, y a la sombra de un árbol todo se detuvo, se sorprendió de sobre manera al percatarse que sus zapatos seguían con el mismo brillo y su terno riguroso aun después de toda esa noche crepuscular y agotadora, el bullicio parecía lejano, después de un silencio y de otra suplica en forma de oración, vino un silencio inesperado, no llantos, no gemidos, solo el aire y el viento colándose entre las ropas, entre los arboles, entre sus manos, luego una pausa, y la sonrisa de lo impreciso, incluso del nerviosismo, pensó en que quizás era el momento de retirarse, cuando una mujer acongojada le arrojo un ramo de flores en la cara, asustado por aquel acto tan imprudente y mientras se recuperaba de la vergüenza, le cayo una palada de tierra en la cara, no dejo de sorprenderse, quiso gritar, quiso limpiarse la cara, escucho lagrimas caer, gemidos, llantos, gritos, no escucho risas o carcajadas que es lo que el hubiese hecho al verle la cara llena de tierra a alguien, y luego todo el bullicio alejándose, quedando muy atrás, y de repente nada mas que oscuridad y silencio.


DESDELATIERRAQUECAE

HASTALATIERRAQUESELEVANTA

sigoconelsolenelhombro

ARCODEIRIS!