
LOS remansos del tiempo son como las llagas abiertas del camino, esas que no se cierran, recuerdo que eran las doce del dia, de un dia normal, ni sol ni frio, ni azul ni nublado, el cielo como siempre en el mismo lugar, el sol tintineante como una ampolleta mal puesta, alumbra lo que queda del dia, del dia vivo, del dia sonriente.
COMO todos los días, el canario canta en su prisión, quizás esperando algo mas que una lechuga, y dibuja una sonrisa en el espacio de cielo que logra ver, solo como libertad añorada, pero agradece de sobre manera el estar ahí, mientras el gato negro merodea el lugar buscando formas de abrir la jaula, y quedarse para siempre atrapado con su presa, sabra que cuando de un zarpaso se trage al ave, su vida ya no tendrá sentido, y quizás se sentirá tan vacio y tan solo que decida para siempre quedarse a vivir en esa diminuta jaula, estiercol y lechugas secas, el canario sigue en su canto, en su canto para mi que no hablo pajaristico, quizás solo me pide ayuda, quizás me pagaría por el rescate, quizás habla solo en un afán de locura, en un afán de ultimo monologo antes de caer rendido, el cielo se despeja, el sol sale atribulado entre unas nubes, el sol distante como el pasado, quemante como el futuro, el gato decide irse, me mira como si quisiera decirme algo, camina placido entre el ruido y la prisa del estomago, de las ollas de la cocina, del aturdidor olor a garbanzos, de la radio encendida, todo como soundtrack de la falta de alimento, de la falta de compañía, el gato negro que tiene el pecho blanco, como si fuera un mantel de la eterna comida, sonríe, al parecer, y se pierde entre los tejados que empiezan a quemar.
CON la capacidad de mantenerse parado en el borde, el canario es sorprendido por la noticia de que será padre, desde hoy canta mas que ayer, canta digo yo, solo por que ignoro el lenguaje hablado en forma de canto, lo miro, el no me mira, estamos casi iguales, yo dándole a las teclas el cantando en la desesperación de estar atrapado, con una familia a cuestas, en un espacio tan diminuto, el gato otra vez, esta vez menos sonriente que en las mañanas, menos agradable, quizás el sol aturdidor lo pone de mal humor, entre cada pestañeo, entre cada rebuscada forma de comer, maulla lento, quizás avisa su llegada, el canario deja de cantar, el estiércol y las lechugas secas adornan su espacio reducido, el gato como siempre fiel a su estabilidad emocional se acomoda en el borde del muro, su cola baila mientras imagina el sabor amarillo del canario indefenso pero hecho de candados dentro de su jaula, que lo aleja del cielo pero que lo acerca tanto a la vida, susurra el gato, me mira, sus ojos se me meten en el alma, creo que sabe que escribo de el, se incorpora, su cola ya no baila, sus pies se deslizan lento por el borde, esta tan lejos de la comida y tan cerca del hambre.
EL canario comienza su canto, el canto lento, es como si cantara o riera para no llorar, acostumbrado a la vida infértil que le toca vivir dia tras dia, ignoro si recuerda lo de ayer, vive en el dia a dia, vive para reclamarnos, mientras los aturdidos de siempre, los que caminan con los ojos en los bolsillos, le silvan, le meten el dedo en la jaula, lo tientan con pedazos de lechuga que el desprecia, se deleitan con sus canciones, ignorando que les grita en armoniosas sinfonías lo mal que lo hacen, los aturdidos hechan al gato, el gato se mueve rápido, se despierta del sueño tentador de imaginar, me mira lo miro, -sale gato-, gritan.
ENTRE la ventana, entre el sol y la jaula, el gato me sonríe, suave casi como un ronroneo olvidado, como las caricias que el frio de la soledad no le regala de hace años, el canario sigue en su precipicio sinfónico, en su habitación, como un pensionista eterno, sin salida interior, sin patio, sin tendedero, sin un sueldo, el canta o protesta, el sol ya casi se cae del cielo, tiene pareja, ella duerme, inflamada por el régimen alimenticio, por la dieta estricta que los aturdidos le regalan, lechugas y agua, el gato vuelve ahora son dos, no se si son gatas o gatos, pero ahí quienes pueden saberlo con solo verlos, se mueven lento, miran desde lejos, el sol los tiene aburridos, el muro es una pasarela del hambre, las puertas que se quedan abiertas pequeñas entradas al cielo de lo que se regala, los gatos aprovechan el tiempo alimentándose de los ruidos, de los olores, de los gemidos, de los arboles, de un soplo de comida sobre la pasarela que en mi mas recónditos abismos de solidaridad dejo para verlos comer y compartir, como si de una sociedad se tratara, el canario me mira, creerá que alimento a sus perseguidores, si tan solo supiera que los sacio para que dejen de perseguirlo, algo exclama, no entiendo, los gatos se marchan, el muro se carcome como el tiempo lento, de un aliento inesperado el canario guarda las notas musicales, otros pajaros llegan a mirar, rebuscan las semillas que caen de su casa en un segundo piso, se alimentan y aletean, el gato solo, mira el festival de alas, ya no tiene ganas de nada, ya casi ni se acuerda que hace en este patio que no le pertenece, pero que siente suyo cada mañana mientras todos duermen, el canario sigue en su canto medio taciturno, medio tardecino, medio a medio, entre el sol que se cae del cielo y entre el gato que sonríe por que el dia ya termino, los aturdidores les ponen unas cortinas, el canario se duerme, o eso creen ellos mientras no lo ven, ellos inventan la noche para el canario y gritan –sale gato.
Los lamentos solo sirven para nosotros mismos, nadie mas nos escucha al lamentar haber perdido algo, poder haber hecho otra cosa, los lamentos no le sirven a los muertos, los lamentos no encuentran las salidas, son ciegos, torpes y mancos, los lamentos solo recuerdan que las decisiones no fueron las adecuadas, los lamentos como llegan se van, como nubes que un sol de alegría disipa, los lamentos son lo que a unos los pone lentos, y a otros los pone a escribir sin detenerse, los lamentos son para los vivos como la tierra para un muerto.Lo que llega como noticia, como vida fértil se va, el cuerpo que se agota, el envase se gasta, la vida es un ciclo, tanto como te encierra o tanto como te libera, de los dos lados debemos de aprender, me gusta estar preso y cuando lo estoy añoro ser libre, cuando soy muy libre como me gustaría encerrarme a mi mismo en una jaula y comerme la llave, el cuerpo sabe que hacer con lo que se come, lo que no se amarra, pronto te hace nudos, lo que se deja ir quizás nunca vuelva y lo que vuelve quizás ya no se quiere, los perseguidores vienen se alimentan de nuestras costillas, de los logros escasos, pero se sacian de perseguirnos, uno a uno los lamentos son retazos de las penas, que solo nos sirven a nosotros para alegrarnos los lamentos.
CONELSOLACUESTAS!
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