
Y él levantó la cabeza y contempló atentamente al pueblo, y al observar la quietud reinante replicó con voz tonante:
Cuando el amor arribe a vosotros, seguidle. Aunque sus veredas sean duras y difíciles de seguir. Y cuando sus alas os envuelvan entregaos a él. Aunque la espada que oculte bajo sus alas pueda heriros. Y cuando os hable creed en él. Aunque su voz pueda arrasar vuestros sueños, así como el viento del norte arrasa los jardines.
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Cual mazorcas de maíz os reunirá junto a él. Os azotará para que sintáis vuestra impotencia. Os agitará hasta despellejaros. Os molerá hasta lograr que blanqueéis.Os amasará hasta dejaros flexibles. Y luego os destinará a su fuego sagrado para convertiros en pan bendito en la fiesta sagrada de Dios. Todas estas cosas hará el amor con vosotros para que conozcáis los secretos del corazón, y con ese conocimiento convertiros en un fragmento del corazón de la Vida.
Pero si presas de temor buscáis tan sólo la paz del amor y el placer del mismo. Entonces será preferible que tapéis vuestras desnudeces y escapéis de la agitación de amor. Y entréis en ese mundo sin estaciones donde podréis reír, pero sin que llegue a ser completa vuestra risa, y lloraréis, pero sin verter todas vuestras lágrimas.
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El único anhelo del amor es el de colmarse a sí mismo.
Pero si amáis y sentís el brote de los deseos, permitid que estos deseos sean los vuestros. Que fluyan y sean como el arroyuelo rumoroso que entona su canto en la noche. Para conocer el dolor de excesivas ternuras. Para ser heridos por vuestro propio conocimiento del amor. Y para sangrar voluntaria y regocijadamente. Para despertar al amanecer con el corazón extasiado y dar las gracias por otro día de amor. Para reposar al medio día y pensar acerca del éxtasis del amor. Para regresar con gratitud cuando llega la caída de la tarde. Y entregarse después al sueño con una oración por el amado de vuestro corazón y un cántico de alabanza en vuestros labios.